Lo que llevamos dentro
Por Paco Rabadán Aroca 11/11/2013
Mi cuñado dice que todos los españoles llevamos dentro un entrenador de fútbol, un político y un juez. Somos así de polivalentes, qué se le va a hacer. En las barras de los bares, sobre todo, tenemos un talento natural para situar jugadores en el campo de fútbol, para realizar cambios, fichajes millonarios, etcétera.

También somos capaces de solucionar los problemas del país mejor que cualquiera de los presidentes del Gobierno que hemos elegido hasta la fecha. Sobre este punto, visto lo visto, coincido plenamente ya que no hace falta ser demasiado especial para superarlos.

En cuanto al juez, más de lo mismo. Con tan solo leer el titular de un periódico juzgamos y condenamos en cuestión de minutos (algunos en segundos, dependiendo del número de cervezas ingeridas). No necesitamos leer la letra pequeña y sobran los pormenores del delito en cuestión; eso es cosa de abogados, de policías y todas esas raras especies que anteponen los derechos a los juicios sumarísimos. Donde se pare una turba enfurecida, que se quite el derecho romano. Si lo único inteligente que hicieron los romanos fue rebozar los calamares.

Mi cuñado, a su manera, tiene razón. Pero yo añadiría una cuarta categoría, y es que estoy convencido de que también portamos en los genes cierta carga de picaresca. No es algo nuevo; siempre se ha dicho de los españoles, aunque parte de culpa es de las letras, puesto que durante el Siglo de Oro creamos un género literario específico que trataba este tema.

Para sostener mi argumento sólo hay que ver lo que, presuntamente, han hecho los turroneros para vadear la crisis. El Tribunal de la Competencia los está investigando porque, al parecer, han pactado los precios del turrón que consumiremos estas Navidades. Lo primero que llama la atención es el buen rollo que ha debido de existir entre empresas fuertemente competidoras. Y es que cuando se trata de sacar los cuartos al consumidor no hay rencillas que valgan. Imagino que la reunió tuvo que ser más o menos así:

—Bien, señores, queda fijado el precio del turrón duro a quince euros la pastilla. ¿Todos de acuerdo?

—Sí, lo estamos. Pero con la condición de que este de aquí no ponga más el anuncio del militar volviendo a casa por Navidad, que a mi suegra le da por llorar y nos jode la Nochevieja.

En fin. Yo me imagino a los extranjeros viendo este tipo de noticias, junto a otras como la del Policía Local de Caravaca que, presuntamente, en lo que llevamos de año ha quitado veinticinco multas a miembros de su familia. A los duques de Lugo que, presuntamente, pasaron la empresa investigada los gastos de sus escoltas, siendo funcionarios cuyo coste soporta el Estado. Y otras muchas que reafirman nuestra condición de pícaros, aunque el adjetivo sea un eufemismo para no llamarnos directamente «chorizos», que va más con la dieta mediterránea.