Placeres
Por Paco Rabadán Aroca 06/11/2013
Partiendo de la base de que el mejor placer de la vida es hacer lo que te dicen que no puedes hacer, existen unas pautas comunes para los mortales en cuanto a la elección del favorito. Respecto a la palabra, el diccionario explica en su segunda acepción que el placer es experimentar una sensación agradable por la realización de algo que gusta o complace.

Llevándolo al terreno práctico, el placer se podría definir como la felicidad de una parte del cuerpo. Vale cualquiera de ellas, pero al final todo se procesa en el cerebro y es éste el que decide hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para repetirlo. Y es que los placeres nos someten, nos transforman y consiguen que hagamos locuras.

Siempre que disfrutamos queremos más, deseamos repetir cuanto antes a pesar de que el verdadero valor de un placer es practicarlo raramente. Cualquier placer practicado en demasía acaba por convertirse en una rutina, cuando no en un vicio sin demasiado sentido.

Si alguien nos preguntara qué placer encabeza nuestra lista, un porcentaje muy próximo al cien por cien diríamos que el sexo. A priori parece ser la elección más común, por lo menos en los que formamos parte de la cultura mediterránea. Dejamos de lado otro más importante, e incluso vital, como es el de comer.

Cuando rascamos un poco en la superficie descubrimos que cualquier persona puede aguantar años sin practicar sexo, pero sólo unos días sin comer nos conducirían a la tumba. Practicar sexo con el estómago vacío tampoco sería lo mismo, ya que es probable que el requerimiento del hambre solapase el gustirrinín. El caso opuesto, que el calentón sexual te estropee una mariscada, parece menos probable. Sin embargo, darse un revolcón después de una buena comida aumenta la satisfacción.

El placer de comer y la necesidad de alimentarse constituyen un binomio. En nuestro país la gastronomía es maravillosa y está en constante renovación. Por fin nos hemos dado cuenta de que es un valor del que podemos presumir con honradez en el extranjero, y no construyendo casinos precisamente. La parrilla televisiva,
que en ocasiones es el mejor indicador del pulso social, ya ofrece varios programas de entretenimiento basados en la cocina. Los chef españoles están considerados de los mejores del mundo.

Luego están los que dicen sentir placer trabajando. Creo que desarrollar tu profesión en algo que te guste aporta una satisfacción duradera y, por tanto, mucho mejor que cualquier otra, y más si tenemos en cuenta que un tercio de nuestra vida la pasamos en el trabajo. Por desgracia, no son muchos lo que pueden presumir de ello. La mayoría trabajamos para sobrevivir o para alcanzar nuestros placeres lo antes posible.

Decidan ustedes cuál sería el placer número uno de su lista. Es un ejercicio divertido y un buen tema de conversación para compartir con los amigos. Yo, visto lo visto, elijo pegarme un buen festín mientras practico sexo durante mi jornada laboral. Creo que, de momento, no va a ser posible; tendría que cambiar mucho el Estatuto de los Trabajadores. Pero también encuentro placer en perseguir lo imposible.