Músicos peligrosos
Por Paco Rabadán Aroca 21/10/2013
Algo empuja a los políticos a querer intervenir en el arte. Es una fuerza misteriosa que se ha sucedido a lo largo de los siglos y que ha influido a gobernantes de todos los colores. La lógica inmediata empuja a pensar que muchos artistas han utilizado sus disciplinas para protestar y denunciar al poder establecido. A nadie le gusta que nos lleven la contraria, y mucho menos si debemos tomar decisiones. Si encima la oposición se presenta de una forma original, las reacciones del contrariado siempre suelen ser contundentes.

En Madrid y Valencia exigirán a los intérpretes callejeros que tengan estudios de música para poder tocar. Es una ordenanza municipal; una decisión política. Lo primero que chirría de la medida es la paradoja de un político pidiendo estudios a otra persona. Es sabido en toda Europa que para ser político en España no hace falta saber leer ni escribir.

Para conseguir un buen puesto en el partido basta con aparecer desde muy joven detrás de los discursantes en los mítines, asintiendo con la cabeza a sus afirmaciones con sonrisa bobalicona. Si el puesto se pretende en el Partido Popular, es conveniente llevar un suéter sobre los hombros. Si es en el Partido Socialista, poner cara de mala leche, como si el coche se lo hubiese llevado la grúa. Para casos más extremos, como puede ser el de Bildu, si eres mujer es requisito indispensable ser fea y parecer un hombre.

En el caso de los hombres es fundamental no ser mayor de veinticinco años -a partir de esta edad se empieza a pensar las cosas- y llevar el peinado como en la película del Último Mohicano. Un pañuelo palestino al cuello y una importante carga de intransigencia absurda y frustraciones infantiles completaría el personaje.

La ordenanza municipal de Madrid y Valencia autoriza a las fuerzas de orden público a levantar a los músicos que no tengan estudios. Unos técnicos del ayuntamiento someterán a examen y concederán las oportunas licencias para desarrollar esta actividad. Con esta medida tenemos una cosa clara: los ayuntamientos tendrán que contratar a técnicos especializados, porque imagino que los de urbanismo no saben solfeo. Habrá que facilitarles un medio de transporte, porque Madrid y Valencia son ciudades grandes. Etcétera.
Más gastos, en definitiva. Pero el peligro que revisten los músicos callejeros es inminente y hay que ponerle freno.

Estamos hartos de pisar mierdas de perro por las aceras. Las calles están sucias y las papeleras, o son insuficientes, o se vacían cuando a la empresa concesionaria le da la gana, que para eso se inventaron los Rolex de oro. Los jardines son esperpentos de hormigón con más peligro para los críos que el Hombre del Saco. La gente muere en un recinto municipal celebrando una fiesta de Halloween. No se respetan los rebajes para minusválidos.

El caos de tráfico nunca se soluciona porque la única alternativa posible es el transporte público, que cada vez es más caro y menos eficiente. Tomarse un "cup of café con leche" en la Plaza Mayor de Madrid implica que te roben la cartera. Pero el problema son los músicos callejeros. El mayor problema, sea en la época que sea y gobierne quien gobierne, siempre son los artistas.