Baño de realidad
Por Paco Rabadán Aroca 15/10/2013
Dicen los científicos que nuestra mente tiene mecanismos naturales para eludir lo que no nos gusta. Es una especie de herramienta subconsciente diseñada para evitarnos sufrimiento, o algo así. Al ser la única especie con pensamiento racional, disponemos también en exclusiva del mecanismo para esquivar lo que no es de nuestro agrado. Si, llegado el caso, el inhibidor automático de malas noticias no funciona, siempre podemos pasar al control manual.

Esta semana leía en la prensa que los promotores inmobiliarios dan por acabada la caída de precios de la vivienda. Se trata de un claro ejemplo de cómo somos capaces de controlar manualmente nuestra realidad cuando ningún sistema automático funciona. El artículo daba la sensación de ser un placebo para ellos mismos, y para todos aquellos propietarios de viviendas que, por una razón u otra, tratan de venderlas al precio que ellos creen que vale.

También se me ocurrió que lo que buscaban los promotores inmobiliarios con este anuncio es advertir a los probables compradores que no esperen más, que adquieran ya ese piso, adosado o chalet que tanto les gusta, porque a partir de ahora sólo puede subir de precio. Esa fue la parte de mi pensamiento racional que me provocó una carcajada.

El anuncio, ya estuviera hecho para lamerse las heridas inmobiliarias, o como clavada de espuelas en los lomos de los compradores, es de las tonterías más grandes que últimamente he leído. Los encargados del anuncio no aportaban ninguna explicación sobre cuál era el cálculo que habían hecho para llegar a esa conclusión. Los precios no van a bajar más, y punto. Palabra de promotor inmobiliario. Amén.

Siento ser yo el que les de un baño de realidad a estos señores, pero los precios van a bajar más, mucho más, escandalosamente más, porque nadie tiene un duro para comprar y porque los bancos, que son los que suelen prestar el dinero, tienen más pisos sin vender que cajeros automáticos. También porque han estado durante una década subiendo el precio sin control y sin ninguna lógica, salvo la de la avaricia de estos promotores que, como sabemos, no tenía límites. Nadie puede esperar que esta situación cambie en tres años. La enfermedad de ese sector es crónica y tardará muchos, muchos años en recuperarse. Incluso transcurrido este tiempo,
quedarán secuelas para siempre.

Las viviendas van a bajar más porque esta crisis nos ha escaldado a todos, en gran medida por las "primeras calidades" que ofrecían estos promotores. Nunca más -salvo algún ingenuo que le sobre el dinero, y cada vez quedan menos- nadie comprará una casa con la alegría de antes. Los clientes nos hemos espabilado a una velocidad que sólo seis millones de parados y una constante subida de impuestos consigue alcanzar. Las viviendas van a bajar más porque no valen lo que cuestan y, hasta que la proporción no sea justa, seguirán bajando.