Culpables o inútiles
Por Paco Rabadán Aroca 24/02/2014
Cuando un gobierno da la orden de disparar a los ciudadanos, es que el conflicto social ha llegado a un punto crítico en el que se ven incapaces de solucionar el problema. Por eso recurren a la fuerza: porque la fuerza es la razón del que quiere imponer su propia razón. La violencia, en cualquiera de sus formas, es el reconocimiento de un fracaso del ser humano como especie, puesto que se prescinde voluntariamente de las capacidades naturales de pensar y comunicarse.

El pensamiento como medio para encontrar soluciones a problemas complejos, y la comunicación para difundirlos, para hacerlos comprensibles. Un don con el que fuimos bendecidos, o que la selección natural se encargó de otorgarnos; incluso para determinar su origen hay explicaciones para satisfacer todos los gustos.

Para la reflexión que les propongo da un poco igual si las balas son reales, como las de Kiev, o son de goma, como las de Melilla. Es la agresión en sí misma, y se puede agredir o menospreciar al otro, incluso, con serpentinas. Es evidente que el resultado del ataque es distinto en función del medio empleado, pero yo hablo del origen, del momento en que Fulano decide agredir a Mengano.

En ese momento, Fulano encuentra en la violencia la única forma de resolver el conflicto. Evidentemente, Fulano no es tonto, y cuando lleva a la práctica su estrategia es porque puede hacer más daño que Mengano. Les pongo un ejemplo: si a los disparos en Kiev le siguieran una réplica con misiles Scud, ni al más tonto de los policías ucranianos se le hubiese ocurrido tirar del gatillo.

Esta lógica nos lleva a determinar que, en este tipo de agresiones colectivas, existe una carga fundamental de cobardía. La hubo, por supuesto, también en Melilla. En el caso de nuestro país es, por así decirlo, aún más cobardica, porque el encargado de dar la orden a los guardias civiles permanece escondido, atrincherado en su cargo político. Y lo más jodido es que no creo que pague por ello.

Conozco a suficientes guardias civiles como para saber que no dan un paso sin una orden concreta. La infame Historia de España les ha dado suficientes escarmientos como para actuar por su cuenta. La cuestión es que se trata de un estamento tan leal, tan fiel a la defensa que los gobiernos les encargan, que obedecen las órdenes sin plantearse si están bien o mal.

Se hace el trabajo y punto. El tiempo ha determinado que, en cierta forma, queramos que sean así. Yo, como ciudadano, no creo conveniente que el guardia civil sea el encargado de dilucidar si debe detener al narcotraficante. Su trabajo es sentarlo delante de un juez, que para eso están y cobran más que ellos y se exponen bastante menos.

No, la culpa del vergonzoso episodio de Melilla no fue de los guardias civiles, aunque ahora les cuelguen el sambenito, como ha ocurrido siempre en este país con dicho estamento. Los culpables son los gobiernos, pretéritos y presentes, que se ven incapaces de solucionar el problema y de centrar las acciones en los que trafican con personas. Ellos son tan culpables como inútiles, que ya no sé qué es peor.



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