Ladrones buenos y malos
Por Paco Rabadán Aroca 29/01/2014
La situación es la siguiente: Fulano de veinte años y nombre intrascendente para lo que tengo que contar. Resulta que Fulano, a pesar de su corta edad, tiene una lista de antecedentes por robo y lesiones de las que utilizan como ejemplo en los cursillos que le dan a los policías en prácticas.

Uno de esos Vaquillas o Toretes sobre los que ya no se hacen películas porque su vida es tan sórdida que ni el mejor guionista sería capaz de endulzar el final. Conocido en los círculos policiales de Jaén, con el respeto que este tipo de fichajes suele inspirar a los profesionales encargados de enfrentarse a ellos.

Pues resulta que Fulano asalta una casa. Nada de colarse por una ventana ni esperar un descuido de los propietarios. Ya saben: pumba y pumba a la cerradura de la puerta con una maza de las que hacen temblar los cimientos con cada acometida. Es cuestión de tiempo que hasta el blindaje más arrogante se vaya al garete, y más si la motivación es conducida por cierto deseo irrefrenable de meterse algo por la nariz. No existe puerta, tabique o encofrado que resista la beligerancia de ese apetito. Lo sé porque, por desgracia, lo he presenciado en alguna ocasión.

El caso es que Fulano comienza a desvalijar la casa. Abre cajones y armarios en busca de algo vendible o intercambiable por ambrosía colombiana. Nada de caprichos. Tiene la suficiente experiencia para establecer prioridades: dinero, joyas o tecnología. Lo demás es chatarra y, como tal, colocarlo genera excesivo trabajo y no menos riesgo.

El botín incluye una cámara de video y varias cintas. Una vez a salvo, Fulano no resiste la tentación de echar una ojeada, como habríamos hecho todos en su caso, porque hasta el último de los mortales lleva dentro un mirón. Se encuentra con escenas domésticas de sexo con niños.

Fulano puede ser un ladrón violento, capaz de endiñar una ensalada de hostias o poner en el cuello una faca de palmo y medio al más pintado por un gramo de farlopa, pero hay ciertas cosas que le sobrepasan, que no tolera. Acude a la policía, su enemigo natural, y las entrega con la inevitable explicación.

El pederasta ha sido detenido. Se encuentra en la cárcel desde el 19 de diciembre como presunto autor de abusos y agresiones sexuales a, al menos, cuatro menores de edad, entre ellos un adolescente de 16 años que llevaba desde los diez sufriendo estas prácticas. Fulano, por su parte, ha pasado a disposición judicial acusado de un robo con fuerza, precisamente ante el mismo juzgado que lleva el caso del pederasta.

Moraleja del sainete: Las leyes están para cumplirlas, no seré yo el que diga lo contrario. Pero, a veces, la línea entre meter a la cárcel a un ladrón o concederle la Medalla al Mérito Civil es muy delgada.




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