Nada que investigar
Por Paco Rabadán Aroca 20/01/2014
Hará unas semanas, en el estadio de fútbol alemán del Werder Bremen, algunos espectadores vieron un OVNI sobrevolando el cielo a unos escasos trescientos metros. Si lees en el periódico que esto mismo ha ocurrido, por ejemplo, en el campo de fútbol de Cuenca, las conjeturas sobre el consumo de alcohol de los asistentes o la ausencia de emociones del partido darían al traste con la noticia. Cría fama y échate a dormir, dice el refrán, y los españoles hace tiempo que nos ganamos a pulso cierta reputación de exagerados.

Pero el caso que nos ocupa sucedió en Alemania, y por todos es sabido que los germanos no son muy dados a tirar de imaginación; sólo hay que ver la forma de vestir de la Merkel. Lo suyo es la sobriedad y apretar tornillos al resto del mundo, en sentido literal y figurado.

Luego están las pruebas que indican que algo de verdad hay en el asunto. Los radares del aeropuerto de Bremen también lo detectaron e interrumpieron el tráfico aéreo hasta que desapareciera la lucecita del panel. Un rato más tarde todo volvió a la normalidad. Diligencia y eficacia alemana. En España los controladores se hubiesen tomado el día libre, o pedirían aumento de sueldo por peligrosidad. Tenemos formas de pensar distintas, qué se le va a hacer.

El posterior análisis hecho por los especialistas dice que tuvo que ser un Dron o un globo aerostático. Ya saben: hasta hace unos años sólo existía la excusa de los globos, pero recientemente se ha introducido la variable de los aviones espía de Obama. Lo mismo el presidente de Estados Unidos no tiene canales de televisión de pago y mandó un Dron para ver el partido del Werder Bremen. No creo que haya nada más interesante que espiar en esa ciudad, sinceramente.

Pero lo que aún me sigue sorprendiendo es, dando por hecho que sean extraterrestres, para qué demonios nos hacen esas visitas. Ya no hay nada que investigar en la Tierra. Hace tiempo que los seres de otros planetas tienen a su disposición la Wikipedia. Sólo hace falta un ordenador normalito y una conexión a Internet. Se ahorrarían un montón en combustible, o energía, o lo que consuman sus naves espaciales. Además de las dietas de los tripulantes, que por ser más avanzados seguro que tienen un convenio laboral espectacular.

Eso en lo tocante a la Tierra como planeta, porque la especie humana es aún menos interesante. Somos, simplemente, unos mamíferos con la capacidad de pensar. Esa particularidad la empleamos para explotar los recursos naturales que, a su vez, nos vendemos a nosotros mismos con el objetivo de comprar más cosas que para su fabricación hace falta explotar más recursos naturales. Esquilmamos con voracidad innecesaria las fuentes gratuitas de alimentos, como el mar. Talamos los árboles que nos proporcionan el oxígeno vital para construir mesas y sillas. Situamos en el número uno de ventas el libro de Belén Esteban

Si de verdad despertamos algún interés en los extraterrestres, es que son todavía más necios que nosotros.