Supervillanos reales
Por Paco Rabadán Aroca 24/12/2013
La Comisión Europea ha puesto una multa de 1.700 millones de euros a cinco bancos que trataron de distorsionar las referencias para la negociación de los derivados financieros. En otras palabras, que intentaron manejar el euribor que usted y yo pagamos con la fidelidad que sólo los pobres aplicamos para saldar las deudas contraídas.

Evidentemente, la manipulación iba a ser al alza. Necesitaban ganar más dinero que el proporcionado por medios legales y por los flujos de una economía que cada vez se parece más a una fuerza de la naturaleza, con catástrofes incluidas. No tenían suficiente.

La noticia, cuando la escuché en la radio, me recordó a las películas donde unos malvados intentan apoderarse del mundo. Ya saben: esas donde el agente 007 impide, valiéndose de trajes caros y toda clase de explosiones monumentales, que unos supervillanos manejen nuestros destinos.

Y es que algo de eso tiene la historia aunque, en lugar de un superagente exterminador de banqueros avariciosos, los héroes del sainete sean unos contables encorbatados atrapados la mayoría del tiempo entre las cuatro paredes de sus despachos. La realidad siempre supera a la ficción, aunque los desenlaces de las historias acaben siendo menos explosivos.

Creo en toda esta historia subyace un problema de fondo que arrastra la raza humana desde el origen de los tiempos: esclavizar a sus semejantes. Anteriormente, cuando se podía, se usaban látigos y pesadas cadenas. Las civilizaciones que más prosperaron fueron aquellas que más esclavitud emplearon. Esto refuerza la teoría de que economía y esclavitud van fuertemente unidas.

En la actualidad, no están bien vistos los castigos físicos para someternos, por eso los supervillanos intentan hacerlo por otros medios, como subirnos el Euribor. Si estamos con el agua al cuello, si la ruina llama a nuestra puerta, aceptaremos cualquier trabajo por mediocre o penoso que este sea. Probablemente nos quejemos de las condiciones, como imagino que se quejaban los hebreos que cargaban las pesadas piedras de las pirámides. Nuestro caso es aún peor: no se vislumbra en el horizonte ningún Moisés que nos vaya a salvar del afán opulento de los egipcios.

De ahí la necesidad de que todo sea más caro, incluido los intereses de los préstamos que hayamos contraído. Cuanto menos dinero tengamos, mayor será nuestra necesidad de conseguirlo y menores nuestras exigencias. Si tenemos hambre, nos someteremos por un poco de comida. Si no dan una buena educación a nuestros hijos, nos someteremos porque tan solo aprendan a leer y escribir. Si no tenemos una televisión de plasma como la del vecino, nos someteremos por conseguirla.

Al final, si uno quiere algo que cueste dinero, debe someterse a los que sí lo tienen. La Historia de la humanidad siempre se ha movido por el mismo impulso: la necesidad de unos generan riquezas en otros. Lo único achacable a la conducta supervillana de los cinco bancos multados, es querer acelerar el proceso. Pero el final será el mismo, y es que sólo existan ricos y pobres. Lo de la clase media ha sido un espejismo, una especie de capricho del siglo XX.