Trabaja y sé sumiso
Por Paco Rabadán Aroca 04/11/2013
El libro del arzobispo de Granada se titula, como seguro que sabrán, "Cásate y sé sumisa". Con sus santos cojones, nunca mejor dicho. El disparate ya se saborea en el título mismo, sin necesidad de leer el resumen de la contraportada ni el primer capítulo. Dentro, según me han dicho, el arzobispo cumple lo que promete. Aunque en realidad no da ninguna explicación de las razones por las que una mujer debe casarse y ser sumisa.

Simplemente debe hacerse. O quizá sea porque, al haberlo escrito un arzobispo, se entiende que es el deseo de Dios, de Jesucristo o de algún Evangelista. Nadie mejor que el arzobispo de Granada para transmitirnos los deseos de Dios o de las personas que vivieron hace más de dos mil años.

Y luego sigue la lucha por definir cuál es la verdadera religión, cuando con el arzobispo de Granada coincide, sin ir más lejos, hasta el último talibán de Afganistán. Aunque aquellos prefieren más la acción que escribir ensayos. Diferencias culturales o escasez de papel y boli, imagino.

Siempre me ha llamado la atención lo que el personal de la Iglesia sabe sobre el matrimonio, a pesar de que no los dejan casarse. Sería como si un fontanero acude a tu casa porque tienes una fuga, y en lugar de repararla se para en el centro de la cocina con las manos en los bolsillos y te dice a ti cómo debes arreglarla.

Ante tu sorpresa y posterior queja sobre la inverosímil situación, el fontanero te dice que tiene el título oficial pero jamás tocó una tubería. Es tu casa, es tu tubería y yo sólo soy un guía que te orienta sobre lo que debes hacer. Me han preparado en el seminario de fontaneros para ello, alegaría. Lo echaríamos de casa, seguro, y sin pagarle el desplazamiento.

Pero nadie parece que va a echar al arzobispo de Granada, ni siquiera su propia organización por mantener una postura tan semejante a las 50 Sombras de Grey. Lejos de eso, está vendiendo más libros que obleas ha repartido a lo largo de su carrera. Y es que el mercado editorial es muy sensible a los disparates, y si encima vienen de un arzobispo, pues ya ni te cuento. Es cuestión de defender en el papel algo sobre lo que toda la sociedad esté en contra.

Un veterinario, por ejemplo, podría escribir un ensayo sobre la necesidad de sacrificar, de la manera más dolorosa posible, a todas las mascotas del país. Su tesis se sustentaría en que es una extravagancia alimentar a gatitos, perritos o iguanas mientras que en el mundo hay tanta hambruna. Plantear un genocidio de mascotas. Sería un éxito de ventas. La portada del libro abriría telediarios. A los lectores nos gusta la polémica y lo contrario a la lógica; ahí están las cifras que lo demuestran.

No obstante, existe un fondo de la cuestión. Lo que ocurre es que el arzobispo de Granada lo ha centrado todo en las mujeres y se ha quedado corto, si se mira desde la perspectiva adecuada. La corriente de los tiempos nos dice a todos, independientemente de nuestro género, que "trabajemos y seamos sumisos" mientras asesinos inreinsertables salen de la cárcel.

Que trabajemos y seamos sumisos mientras los políticos nos engañan, nos roban y aprueban leyes para que no podamos ni siquiera quejarnos, pues seriamos delincuentes. Que trabajemos y seamos sumisos para pagar un recibo de la luz cada vez más caro. Que trabajemos y seamos sumisos para mantener a tanto vividor en los 17 reinos de Taifas. El que tenga trabajo, claro, porque a los parados sólo les queda ser sumisos y punto.