Cuando el ciclo se complete
Por Paco Rabadán Aroca 25/11/2013
La Audiencia Provincial de Albacete ha condenado a una madre a indemnizar a su hijo con 6.000 euros, además de pagar una multa de 2.400 euros. El tribunal la culpa de un delito de abandono de familia. La noticia la he leído en el diario El Correo, de Vizcaya. Resulta curioso que para enterarse de algo que ha pasado justo al lado, a nuestros vecinos, tengamos que depender de un medio de comunicación tan lejano. Internet y las ediciones digitales de los diarios eliminan las distancias, además de la fuente de ingresos de miles de familias.

El precio del progreso a veces se cuantifica en parados y desesperación, en nuevos oficios indefinibles que conforman un suma y sigue a esta sociedad artificial que estamos creando. Dentro de poco, cuando nadie plante tomates o críe cerdos, vamos a comer megas y gigas.

De la noticia en cuestión se desprende que el niño, con doce años, no acudió a 54 clases durante un curso. La mujer alegó en su defensa que, muchas veces, lo acompañaba hasta la misma puerta del colegio. Luego le decían que el chaval no había aparecido. Otras, reconoce haber sufrido una depresión que la mantuvo encerrada en casa y, por tanto, desconocía el rumbo que tomaba su vástago una vez cruzaba el portal del edificio. Era separada y no contaba con más ayuda.

Si la mujer es sincera, puedo entender su consternación al escuchar el castigo y la temible acusación sentenciada de "abandono de familia". El niño, con doce años, no le salía del pito acudir al colegio y ahora la madre debe asumir la vergüenza y pagarle 6.000 euracos de indemnización. El chavalote tiene en la actualidad diecisiete años; ya saben que la Justicia en este país se sirve fría. A esa cantidad hay que sumarle 2.400 de multa que irán a las arcas públicas, no vaya a quedarse el coche oficial de algún director general sin gasolina.

Y esto que padece la madre es por omisión de un deber. No quiero pensar lo que le caería encima si, desesperada por la insubordinación, lo hubiese conducido a palos al colegio.

Independientemente de la culpabilidad de la señora, que a un servidor el Estado no le ha concedido la potestad para juzgar, lo de la indemnización al chico me parece un disparate. Si la mujer lo ha hecho mal de alguna forma, que lo pague, pero no al señorito que prefería irse al jardín o al centro comercial. Huele a pseudomodernismo judicial.

El intervencionismo del Estado en las relaciones entre padres e hijos es algo nuevo, de nuestra actualidad más reciente. Nunca en la historia de la humanidad nadie, aparte de los afectados, ha dicho cómo debemos educarlos. Para bien o para mal, los hijos han salido adelante con las virtudes o defectos heredados, aprendidos o de fabricación propia. Porque las injusticias que los padres podamos cometer también son parte de su educación: aprenderán lo que no se debe hacer cuando el ciclo se complete y ellos sean padres.